“Es tan fácil de manipular”, susurró. Sus manos se apretaron sobre mis hombros. Miré al otro lado de la habitación. Mi esposo estaba allí, sin sonreír. Me vio mirándolo y palideció. Negó con la cabeza, con una sola palabra silenciosa atrapada en sus labios. Entonces ella se recostó y dijo: “Me dijo…”
“Es tan fácil de manipular”, susurró. Sus manos se aferraban a mis hombros, íntimas y posesivas, como si fuéramos viejos amigos contando chistes. No lo […]